lunes, 22 de octubre de 2012

Una Presidente bien macho.

"Mientras yo sea Presidenta podrán quedarse con nuestra Fragata, pero no se van a quedar ni con la libertad, ni con la dignidad de mi país. El día que yo ya no sea Presidenta, el que venga tendrá que hacerse responsable."

Cristina Fernández de Kirchner
Presidente de la Nación

Un embargo es la orden que emite un juez para garantizar el pago que reclama el actor (quien demanda) a través de un juicio al deudor (demandado): si el juicio favorece al actor, el deudor puede honrar la deuda por sus propios medios o, en su defecto, el bien demandado es llevado a remate y con lo obtenido por su enagenación se salda la deuda. En rigor, y siguiendo un camino no sinuoso y simple, puede decirse que, en caso de que el jucio favorezca al acreedor, éste ya está cobrando una parte o toda la deuda que el acreedor se niega o no puede pagar..
En vista de lo dicho, sin dar demasiadas vueltas, el acreedor por vía legal ya está garantizándose que va a cobrar, aunque sea "algo".
Luego, nuestra "libertad" y nuestra "dignidad" se la pasan por el quinto forro de las pelotas.
Abogada Kirchner: no ponemos en duda que posee un título que la acredita como tal, de lo que tenemos duda es de que haya entendido la materia porque, si la entendió, peca de mendaz, toda vez quen, al ser embargada la fragata, ya se está garantizando al acreedor el cobro de una parte de la deuda.
Es decir, Cristina, que lo que dijo en el discurso es lisa y llanamente una falacia, de la cual ninguno de los integrantes del valet de aplaudidores y chupaculos -aunque entre ellos hay brillantes profesionales e incluso académicos, lo cual los hace mucho más responsables y doblemente cobardes- la pone en autos, es decir, advierte: cabe tomar nota de que se advierte a quien se quiere cuidar, y a Ud., evidentemente, no la cuidan.
Es mentira que no se van a quedar con nuestra dignidad: se la hemos servido en bandeja.
Por ignorantes, por creer que la negociación es una instancia de blandos, de maricas... ahí estamos: la felicito por los huevos, qué orgullo sentirá, cómo la van a aplaudir, cuántas sonrisas le van a prodigar, cuantos saludos va a recibir: en tanto, la nave insignia de la Nación no fué abatida por ninguna flota enemiga, no fué hundida con su capitán a bordo en acción de combate, ni en acción humanitaria. Simplemente fué dejada a su suerte (y en garantía de pago) por una presidente con convicciones fuertes: la primera, que tiene que demostrar que es bien macho.

Dr. ACB


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